Trabajo, educación y vivienda: un proyecto de vida para los jóvenes bonaerenses

Imagen: La Nación |

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En la provincia de Buenos Aires el 15% de los jóvenes, es decir, 566.000, no estudia ni trabaja. Se trata de jóvenes que, en su mayoría, están más afectados por la informalidad y la precariedad laboral. Pero el dato más llamativo es que la amplia mayoría de esos “ni-ni” tiene cara de mujer: ellas representan el 74% de esa cifra, incluyendo a aquellas que se dedican a las tareas del hogar y al cuidado de sus integrantes. A su vez, de ese porcentaje de mujeres, un 41% son madres con hijos de entre tres y cuatro años, en promedio.

Así lo reveló el exhaustivo estudio Inclusión de los jóvenes en la Provincia de Buenos Aires, que el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) comenzó a elaborar en 2010 y publicó finalmente este año. Con la mirada puesta en los jóvenes bonaerenses de entre 15 y 29 años como un activo de la sociedad y no como un problema, el documento analiza cuatro factores sociales críticos que afectan hoy su transición a la vida adulta: la baja terminación educativa, las dificultades de la inserción laboral, las dificultades del acceso a la vivienda y las altas tasas de embarazo adolescente.

“Si los jóvenes de hoy no terminan el secundario, obtienen trabajos precarios o no los consiguen, forman hogares antes de alcanzar niveles básicos de ingresos autónomos y tienen hijos en etapas adolescentes o muy jóvenes, su presente y su futuro, y por ende el futuro del país, se verán afectados negativamente tanto en materia social como económica”, advierte el estudio.

Un cuarto de los 40 millones de argentinos son jóvenes de entre 15 y 29 años. Y la provincia de Buenos Aires, donde hace foco la investigación, concentra el 40% de ellos. “La primera gran sorpresa del estudio fue que los “ni-ni” no fueran tantos -dijo a LA NACION Gala Díaz Langou, coordinadora del Programa de Protección Social y Salud del Cippec y una de las autoras del documento-. La segunda gran sopresa fue que el 74% eran mujeres y el 41%, madres. Hay que entender que hoy los y las jóvenes hacen mucho trabajo invisibilizado, el trabajo doméstico, cuidando hijos, hermanitos y abuelos y se los cuenta igual como si fueran «ni-ni».”

Este punto se relaciona con una problemática que en la Argentina, a diferencia de lo que marcan las tendencias internacionales, hay un crecimiento de la tasa de maternidad adolescente. Mientras que en 2001 la tasa de fecundidad adolescente total era de 30,5 por cada mil mujeres de entre 10 y 19 años, en 2011 ese cálculo alcanzó el 35,3%. En 2012, en tanto, el 12,3% de las mujeres de entre 15 y 19 años tenía un hijo o estaba embarazada del primero. “La maternidad adolescente es especialmente alta en los más pobres y presenta una alta correlación con el bajo nivel de escolaridad, lo que evidencia una marcada desigualdad de oportunidades”, dice el estudio.

En referencia a ese 41% de mujeres “ni-ni” que son madres con hijos de entre 3 y 4 años en promedio, Fabián Repetto, director del Programa de Protección Social y Salud del Cippec y coautor del documento, dijo: “Los niños aún no están en edad escolar y requieren de cuidado, lo que podría explicar la dificultad de dedicar tiempo a estudiar o trabajar. Esto evidencia la necesidad de políticas de cuidado específicamente dirigidas a los más jóvenes”.

TERMINAR LOS ESTUDIOS

Otro obstáculo que se les presenta a los jóvenes es el relacionado a la finalización de la escuela secundaria: según el censo de 2010, cerca de 4 millones de jóvenes argentinos entre 20 y 29 años (el 62% de este grupo etario) no habían completado la educación secundaria, una cifra que el documento califica de alarmantemente alta. Como obstáculos más relevantes para la terminación señalan que la escuela secundaria no garantiza los saberes relevantes y está desconectada del mercado laboral, lo cual genera una tensión con la demanda laboral.

Por otra parte, el 40% de los alumnos del nivel secundario tiene una edad superior a la teórica, es decir que repitieron o abandonaron y luego regresaron a la escuela. Además, la evaluación PISA de 2012 reveló que la mitad o más de los jóvenes de 15 años no accede a los aprendizajes prioritarios, indispensables para una inserción social plena.

Ante este panorama, el Cippec definió que los desafíos que el sistema educativo en general y el nivel secundario en particular deben resolver para mejorar su articulación con el mundo laboral radican en la relevancia de los aprendizajes, que deben propiciar el desarrollo de las competencias necesarias para la resolución de problemas; la calidad de esos aprendizajes; la creación de de dispositivos concretos de articulación con el mundo del trabajo, y la construcción de un primer capital social que apuntale las primeras inserciones y los cambios en las trayectorias laborales.

Esa primera inserción, señalan, va más allá de un primer empleo y hace referencia a su calidad y duración. Es que la problemática es profunda: en 2012 los jóvenes bonaerenses tenían una tasa de desocupación del 18%, muy superior a la de los adultos (7%). Además, un 23% de los jóvenes trabaja más que las horas legalmente permitidas (48 horas semanales) y el 25% percibe una remuneración inferior al salario mínimo vital y móvil.

La cuarta pata de la problemática a la que se enfrentan los jóvenes argentinos es el acceso a la vivienda: según el censo de 2010, de los hogares encabezados por jóvenes, el 28,5% habitaban en viviendas deficitarias, es decir, con alguna carencia estructural como el piso de tierra, ladrillo suelto, acceso al agua por fuera de la vivienda o el terreno o sin un inodoro con descarga de agua. Por otro lado, un 36,3% de los hogares de los jóvenes eran alquilados.

“Existe una falta de un proyecto de vida, que es causa y efecto de todo esto -dijo Díaz Langou-. No se trata de cómo uno lo quiere hacer, sino de tener las oportunidades concretas para hacerlo.”

Fuente: La Nación