Nicolás

Nicolás empezó a trabajar a los 17 años, cuando sus padres se separaron, y desde entonces comparte los gastos de la casa gracias al sueldo que gana como mozo de mostrador en el Club de Amigos de Palermo. Consiguió ese trabajo a través de la Fundación Forge y lo que más destaca es su formación humanística: “Aprendí a superar los errores y no tener vergüenza de volver a empezar. En la Fundación sorteábamos los errores haciendo malabares o andando en monociclo, y muchos nos reíamos de estas prácticas. Pero más de una vez, cuando se me vuelca un café o se me cae una bandeja, pienso en los malabares, sonrío y me recupero.” Nicolás sabe que el camino es largo y que más de una vez tendrá que hacer malabares para salir adelante. Pero también sabe que la cultura del trabajo lo llevará algún día a cumplir el sueño de tener su propio restaurant.