Andrea

Andrea camina por los pasillos del Hospital Italiano regalando una sonrisa a pacientes y profesionales. Durante ocho horas al día, seis veces por semana, esta chica de 18 años se calza la cofia blanca y el uniforme azul para asistir como camarera a los pacientes del hospital, tarea que requiere “responsabilidad y coraje”, tal como le advirtieron en su primera entrevista de trabajo. En el hospital, Andrea aprendió de dietas hiposódicas e hipoglucémicas, aprendió que un diabético no debe comer azúcar y a distinguir las galletitas sin sal. Habitante de un sencillo barrio de Escobar, el mismo donde nació, debe viajar casi dos horas para llegar al trabajo todos los días. Pero el viaje no le pesa porque ahora, mientras prepara cada bandeja, Andrea acaricia el ambicioso sueño de ser nutricionista.