13 junio 2015 · Prensa

[Clarín] Piden que la escuela enseñe “habilidades emocionales” – Entrevista a Egresados Forge

Foto: Egresados Forge entrevistados por Clarín |

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Clarín | Edición Impresa | 11.06.2015 – A Gastón Trigo, Fátima Gutiérrez y Nicolás Figueroa, como a la mayoría de los jóvenes, la transición de la escuela al mundo del trabajo los asustaba. Hoy los tres tienen trabajo, según ellos gracias al programa de capacitación de Fundación Forge, una ONG que fomenta la finalización de la secundaria y acompaña a los jóvenes en sus primeros pasos laborales. “Trabajas la autoestima, la confianza en vos mismo. A mí me costaba expresarme y ahí empecé a mejorar-dice Fátima-También aprendes a trabajar en equipo con gente que piensa distinto y a ser más empático, cosas que la escuela no enseña”. “El colegio es más relajado. Forge te enseña otras cosas del mundo adulto: el valor de la puntualidad, la responsabilidad, cómo tratar con las personas, el valor del esfuerzo”, cuenta Nicolás. Gastón agrega: “También aprendes a presentarte a vos mismo, a armar tu CV. Yo en la escuela era muy tímido, no miraba a la gente a los ojos. En las tutorías de Forge me lo marcaron y me enseñaron que uno habla con todo el cuerpo”.

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En la escuela es probable que a uno le exijan memorizar los pasos fronterizos de la Argentina, estudiar la conjugación del vosotros o las funciones trigonométricas. Es menos probable, en cambio, que le enseñen a ser un líder positivo, a fortalecer su autoestima o a cultivar la perseverancia. Los primeros son contenidos obligatorios de los diseños curriculares; los segundos, no. Al menos hasta ahora.

Una investigación de la OCDE titulada Habilidades para el progreso social reclama que la escuela inculque no solo contenidos y capacidades cognitivas, sino también habilidades sociales y emocionales, para favorecer el desarrollo de un “niño completo”. A partir de las experiencias de distintos países, el estudio asegura que fomentar en la escuela la enseñanza de estas habilidades “blandas” tiene un impacto directo en el desempeño posterior de los chicos en la universidad (aumenta las probabilidades de que se anoten en una carrera) y el mercado laboral (favorece trayectorias más estables y sueldos más altos).

Según el relevamiento de la OCDE, el incremento de las habilidades sociales y emocionales (como la perseverancia, la autoestima, la sociabilidad y la responsabilidad) tiene también un efecto positivo en la salud (por ejemplo, disminuye el riesgo de depresión) y el bienestar subjetivo de los chicos, así como en la reducción de comportamientos “antisociales” (tomar, fumar, abuso de sustancias, violencia y peleas). […]

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