Las relaciones laborales de los jóvenes latinoamericanos

El último informe de la OIT (2014), Panorama Laboral en América Latina 2013, muestra que en la región latinoamericana la tasa de paro de los jóvenes es tres veces superior a la del total de la sociedad, es decir, del 13.9 por ciento (11.4 en hombres y 17.7 en mujeres) frente al 4.6 por ciento del total de la economía.

Lo más grave, sin embargo, es que existen más de 21.8 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan en la región latinoamericana, los llamados “NINI”; lo que representa alrededor del 20,3 por ciento del total de jóvenes (14 a 24 años de edad). Es decir, a parte de la menor ocupación, también hay un elevado contingente de jóvenes que están completamente fuera de la actividad económica, lo que puede derivarse en un lastre para el desarrollo económico futuro de la sociedad. Por ello, ese análisis no se cierne sólo sobre los grandes agregados macroeconómicos del mercado de trabajo, sino sobre la calidad y las características de las relaciones laborales existentes.

 

Gráfico 1. América Latina: desempleo urbano juvenil y total, 2012

Fuente: Elaboración de “Con Distintos Acentos” en base a datos de la OIT (2014), Panorama Laboral de América Latina.

 

Las relaciones laborales en América Latina son excesivamente precarias, con elevada informalidad y baja movilidad profesional y socioeconómica. Estas características asociadas a un entorno social de elevadas desigualdad de renta y, sobre todo, de acceso a la educación, hace que aquellas características se perpetúen en la sociedad como una especie de círculo vicioso de la pobreza.

Con ello, aunque los mercados laborales de los países latinoamericanos ejercen un papel fundamental en la reducción de la pobreza extrema, también son un reflejo de la realidad social existente, que actúa como una fuerte barrera a la movilidad socioeconómica. En ese contexto, las relaciones laborales de los jóvenes latinoamericanos entrañan especial interés, una vez que este círculo vicioso sólo puede romperse si los nuevos entrantes (los jóvenes) en el mercado laboral pueden desarrollar capacidades que les permitan ascender socioeconómicamente como resultado de su trabajo.

En este sentido, una de las medidas para reducir la tasa de pobreza en la región debería relacionarse con la creación de empleo productivo suficiente para atender a la demanda. Sin embargo, sólo la creación de empleo productivo no es suficiente para favorecer la inclusión social, la reducción de la pobreza y aumentar el desarrollo económico. Todo ello depende también de la estructura del empleo que se genere y de la calidad de las relaciones laborales.