Guillermo Dema: “La presión para que los jóvenes sean emprendedores es peligrosa”

En la imagen: Guillermo Dema (Foto: Entravision) |

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Pegasus entrevistó a Guillermo Dema, especialista en Empleo Juvenil y Trabajo Infantil para América Latina y el Caribe de la OIT. Algunas de sus preocupaciones se centran en la precariedad laboral que sufren 27 millones de jóvenes y en los 20 millones que ni estudian ni trabajan.

 

-¿Podría resumir cuáles son las principales cifras en las que se enmarca el desempleo juvenil en la región?

Estamos hablando de 108 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años, de los que 8 millones están desemplados. La tasa de paro es del 13,7% en la región, aunque en función de los países duplica o triplica la tasa general. Pero todo eso es la punta del iceberg de un problema mucho mayor: la falta de calidad en el empleo y de oportunidades que tienen los jóvenes en América Latina. Otras cifras así lo indican: tenemos 27 o 28 millones de jóvenes que están trabajando de manera informal, en precario, sin unos mínimos de protección social, en la mayoría de los casos sin un contrato que respalde su actividad ni aporte de pensiones para disfrutar de una jubilación futura. Estamos hablando también de más 20 millones que ni estudian ni trabajan. […]

-¿Qué factores explican esta situación?

Pues son factores de toda índole, pero que son sobre todo estructurales y no coyunturales. En el mundo, cada año 40 millones de personas, en su mayoría jóvenes, intentan ingresar en un mercado de trabajo que es deficitario porque ya tiene 200 millones de desempleados. Ahí tenemos un problema. Otra razón es que el crecimiento de las economías, que es necesario y es un factor indispensable para la creación de empleo, no ha tenido en cuenta su relación con ese empleo. Desde la OIT lo que se dice es que no puede haber un divorcio entre las políticas macroeconómicas de los países y las políticas de empleo, tiene que haber unos puentes entre ambas.  En el caso de América Latina, hay una cultura de empleos informales para jóvenes que es necesario cambiar. […]

-¿Con qué obstáculos se encuentran los jóvenes a la hora de crear una empresa?

Con muchos. Primeramente el acceso al crédito, la falta de acompañamiento, el encontrarse con unas burocracias enormes para poder empezar…, esos son los comunes. Pero uno de los principales inconvenientes es la presión que se empieza a dar hacia los jóvenes en el sentido de que la solución se la tienen que buscar ellos. No va a venir nadie que te contrate, eres tú el que tiene que buscar tu propia respuesta a través del emprendimiento. Y eso es muy peligroso porque no todo el mundo vale para ser emprendedor. Vemos que hay muchos jóvenes emprendedores que lo son por necesidad y no por vocación. Estamos viendo que la media de iniciativas emprendedoras que fracasan es enorme. En el caso de América Latina, a pesar de ser un tema que está muy poco estudiado, los datos que hay de programas concretos dicen que, por ejemplo en Perú, el 80% de las iniciativas había fracasado al cabo de dos años. Y eso es un tema muy arriesgado porque detrás de cada iniciativa no sólo está la ilusión y el tiempo de ese joven, sino también sus recursos y los de su familia, que ha tenido que apostar por un proyecto que estaba en la mayoría de los casos avocado al fracaso. En este tema hay que ser muy serios y responsables y cuando desarrollamos políticas para promover el emprendimiento juvenil debemos hacerlo garantizando en la medida de lo posible los factores críticos para que estas iniciativas puedan tener éxito: acceso al crédito, al mercado, la formación, el garantizar un acompañamiento en los primeros meses e incluso años… Crear una red que amortigüe esos riesgos.