10 agosto 2015 · Prensa

Fundación Forge, una receta contra el desempleo juvenil

Se trata de incentivar a los jóvenes a terminar el secundario, y después entrenarlos para obtener un empleo formal.

 

La falta de oportunidades laborales para jóvenes es una realidad. El problema de la inserción laboral, para muchos, se presenta bastante antes de la entrega del diploma terciario o universitario, y tiene que ver con la expectativa que muchos jóvenes tienen de ingresar al mercado formal de trabajo no bien terminan la última materia de la escuela secundaria.

En esa clave asoma la propuesta de la Fundación Forge, organización sin fines de lucro con sede en cuatro países de América latina que sigue la pista de jóvenes del último año de secundarias públicas, a quienes invita a formar parte de un programa de formación profesional. Desde 2006, los equipos de Forge se acercan a las escuelas y les recitan a los estudiantes del penúltimo año las ventajas de culminar sus estudios. Acto seguido pasan a comentarles el contenido del plan de Forge, que tiene como objetivo acercarle al alumno una serie de conocimientos y recursos prácticos que lo ayudarán a mejorar la inserción laboral, además de hacer hincapié en aspectos actitudinales y humanísticos.

Todo este bagaje de aprendizajes ocurre durante el primer año del programa, en el que el alumno debe asistir dos veces por semana al Centro de Formación Forge durante dos horas y media durante 10 meses . Si las cosas salen según lo previsto, y el joven se recibe en tiempo y forma en su escuela, obtiene un pasaje hacia la experiencia. Se trata del proceso de entrevistas con distintas empresas que forman parte de la red de organizaciones que trabajan en alianza estratégica con Forge, como SC Johnson, McDonald’s y Farmacity. Este proceso transcurre en el segundo año del programa Forge, con una duración en general entre uno y 4 meses.

Actualmente, Forge asiste a 4 mil jóvenes, pero toda la energía está puesta en llegar a 30 mil jóvenes en 2020. “Lograr esta meta conllevará toda una estrategia de crecimiento donde serán muy importantes las alianzas estratégicas con otras organizaciones y el fund raising”, explica pablo rodríguez de la Torre, director de Alianzas Estratégicas y Capital Humano de la fundación. En lo que respecta a la Argentina, donde funcionan cuatro centros de formación -en pilar, San isidro, Escobar y Barracas-, el crecimiento se está cumpliendo a paso sostenido, ya que año a año la matrícula de becados que ingresan al programa aumenta alrededor de un 30%. por ejemplo, el año pasado la cantidad de alumnos inscriptos fue de 1963, mientras que este año trepó a 2146.

Rodríguez de la Torre observa que en la Argentina, el desempleo juvenil -que según datos oficiales alcanza el 18,2% (casi el triple del promedio general)- viene muy de la mano de la deserción escolar. De acuerdo a los números que maneja, un 50% de los jóvenes que empiezan el secundario no lo terminan, y precisa que “la deserción se concentra en los dos últimos años del ciclo”. Muchos de los jóvenes que abandonan los estudios empiezan a trabajar en la informalidad, un mundo del que ya no vuelven.

También están los jóvenes que ni siquiera trabajan, y que pasan a engrosar las filas de los “ni-ni”. Si bien Forge no trabaja directamente sobre la realidad de los ni-ni, ya que exige como requisito que estén estudiando, sí contribuye a evitar que más jóvenes terminen abandonándose a esa condición, en la medida en que se preocupan por allanarle el camino hacia el mundo del trabajo formal una vez que terminan el secundario. Entre las razones de la deserción escolar, el ejecutivo menciona “la escasa velocidad con que los currículos escolares se adaptan a los cambios en la sociedad” y la “falta de esperanza” en un futuro mejor, que lo hacen descreer de la utilidad del título secundario.

“Muchos chicos, en las primeras clases del programa, dicen: ‘¿Yo voy a conseguir un trabajo o trabajar en tal empresa?’ Vienen con poca confianza porque la realidad les ha venido demostrando otra cosa, ya sea entre los vecinos del barrio o entre los propios familiares”, sostiene rodríguez de la Torre. En ese sentido, el trabajo de Forge está dirigido, en primer lugar, en reconstruir, ladrillo por ladrillo, la autoestima de los jóvenes, la mayoría de los cuales provienen de familias de bajos recursos. “nosotros tratamos de ayudarlos a que se den cuenta lo valioso que son, y de que con simples cambios, como la forma en que se presentan, cómo se visten, o cómo miran a la cara de su interlocutor, pueden hacer la diferencia.”

Toda la estructura de Forge está orientada a simular el rigor de los ámbitos de trabajo. Por ejemplo se predica como dogma el valor de la puntualidad, criterio que también aplica para cada una de las clases del programa. “Si por algún motivo se nos hacía tarde, nos pedían que siempre avisáramos, como en todo empleo”, relata Misael Zalazar, que consiguió trabajo en Aguas Danone de Argentina. Una vez que los jóvenes obtienen un trabajo en algunas de las empresas de la red, no cortan de raíz el vínculo con la fundación. Una vez por mes, durante 10 meses, asisten a los talleres de tutoría. Allí la consigna es poner en común los problemas y los desafíos de la adaptación a ese nuevo mundo que se les abre en su camino.

Fuente: La Nación