¿Puede la educación resolver el problema del empleo juvenil decente?

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Foto: Joven Colombiana, por Jamie Martin/World Bank |

Los jóvenes con educación postsecundaria que viven en los países de bajos y medios ingresos tienen muchas más oportunidades de encontrar un empleo decente que los que sólo han recibido educación primaria o secundaria, según un nuevo estudio de la OIT.

El estudio, basado en los resultados de una encuesta sobre la transición de la escuela al trabajo realizado en 28 países de todas las regiones en 2012-13, pone de manifiesto que poseer el nivel de educación más alto “es una garantía bastante fiable” para obtener un empleo formal.

En promedio, ocho de cada 10 jóvenes (83 por ciento) con educación postsecundaria tenían un empleo no vulnerable en los 27 países de ingresos medios analizados. La “garantía” era un poco menos eficaz en los países de bajos ingresos, aunque 75 por ciento de los jóvenes con un título universitario encontraron un empleo remunerado.

Terminar la educación secundaria no es suficiente para garantizar que los jóvenes en los países de ingresos bajos logren mejores resultados en el mercado laboral. Sólo cuatro de cada 10 jóvenes egresados de escuelas secundarias tenían un empleo no vulnerable, frente a siete de cada 10 en los países de ingresos medios y bajos.

Más preocupante es que entre los países de ingresos bajos analizados por el estudio, uno de cada cuatro jóvenes no ha recibido ningún tipo de educación. En algunos países, la proporción de jóvenes sin educación formal es tan alta como uno de cada dos.

“Incrementar el nivel de educación de la nueva fuerza laboral en los países en desarrollo no garantizará por sí sola la incorporación de los trabajadores más calificados en empleos no vulnerables”, advirtió Theo Sparreboom, autor del informe.

“Sin embargo, es evidente que seguir empujando a los jóvenes con un nivel de estudios bajo, poco cualificados en el mercado laboral es una situación que no beneficia a nadie, ni a los jóvenes que siguen destinados a vivir una ‘existencia precaria’ basada en el empleo vulnerable, ni a la economía que obtiene pocas ganancias en términos del incremento de su potencial de productividad”, agregó.

Desajuste de competencias

El estudio señala además que la naturaleza del “desajuste de competencias” varía mucho entre las economías avanzadas y las de bajos ingresos.

En las economías avanzadas, el “desajuste” con frecuencia se refiere a la “sobreeducación”, es decir, la dificultad de absorber a los jóvenes altamente cualificados que tienen que aceptar empleos para los cuales están sobrecalificados.

Por el contrario, en las economías de bajos ingresos, la principal preocupación sigue siendo la “subeducación” de los jóvenes trabajadores, que no tienen otra opción que aceptar empleos vulnerables en la economía informal.

La falta de educación en gran parte es alimentada por la pobreza, ya que los jóvenes no van a la escuela porque no tienen suficiente dinero para pagar los costos, o porque necesitan trabajar para ayudar a sus familias. La falta de educación perpetúa la pobreza de una generación a otra, ya que los trabajadores poco calificados reciben salarios más bajos y no tienen los recursos para financiar la escolarización de sus hijos.

“El informe confirma el papel determinante de la educación en los resultados de los jóvenes en el mercado laboral. Destaca también la necesidad de mayores inversiones en la educación de calidad, desde la escuela primaria hasta la universidad”, declaró Azita Berar Awad, Directora del Departamento de Política de Empleo de la OIT.

Fuente: OIT