Empleo juvenil en Argentina: hechos, controversias y omisiones

Foto: Simapro |

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El empleo juvenil es uno de los tópicos centrales de cualquier análisis completo del mercado de trabajo de una región o de un país. En primer lugar, porque los jóvenes individuos comprendidos entre los 18 y los 24 años enfrentan una probabilidad de estar desempleados tres a cinco veces más elevada que la de cualquier persona de mayor edad. Ocurre también que los empleos que obtienen suelen ser de poca calidad a juzgar por la estabilidad y por el grado de registración. Tercero, los ingresos de los jóvenes son bajos y se aprecia un importante abanico en la calidad de los empleos y en los ingresos que perciben al interior de ese grupo.

Por eso, centrar el análisis sólo en el desempleo juvenil (que es lo que suele hacerse regularmente), es perder de vista las múltiples enseñanzas que dejaría al análisis de, por lo menos, los temas listados precedentemente. Además, la consideración de estos temas podría colaborar en el diseño de políticas públicas eficaces y efectivas.

Empleo y desempleo

La edad a partir de la cual se considera que se es joven en materia de empleo, los 18 años, está relacionada con la culminación de los estudios de nivel medio o secundario. Entonces se presenta por lo general (y en muchos casos por primera vez) la decisión de incorporarse al mercado de trabajo, de continuar estudios superiores, o de no hacer ninguna de estas dos cosas. Es precisamente en ese momento de la vida cuando la probabilidad de estar desempleado es la más elevada del ciclo y claramente es un desempleo que puede ser adjudicado a un golpe de oferta laboral (más que a uno de demanda): mucha más gente buscando empleo que puestos disponibles.

Las cifras muestran lo siguiente: la tasa de desocupación a los 18 años en la Argentina es del 28% aproximadamente. Es una cifra es elevada frente al 17% del grupo de jóvenes (18-24) y mucho más alta que el 4,5% del desempleo de los adultos en edades centrales (25-59) y que el 3,5% de los adultos mayores (más de 59 años).

Heterogeneidad en el grupo

Si bien siempre con una brecha como la señalada antes, se observaron cambios ostensibles durante de la última década: ante las mejoras observadas en el mercado laboral en general (caída de la informalidad laboral, del desempleo, del subempleo y aumento de las remuneraciones en términos reales, etcétera), el grupo de los más jóvenes no sólo no mejoró sino que empeoró. La tasa de desocupación pasó del 30% al 16% entre 2003 y 2008 y subió al 17,4% en 2013. Este leve aumento, de apenas un poco más de un punto porcentual debería ser cuidadosamente analizado, pero lo que es cierto y muy seguro, es que no mejoró como lo hizo la desocupación en general.

Pero el problema no termina con eso. Ese grupo, el de los 18 a los 24 años, dista de ser homogéneo. Por un lado, y considerando sólo las variables educación, búsqueda de empleo y trabajo emergen los siguientes grupos altamente importantes para la política pú- blica: a) los que solamente estudian; b) los que solamente trabajan; c) los que estudian y trabajan; d) los que no estudian y buscan; e) los que no estudian, ni trabajan, ni buscan (que conforman el grupo que en esta columna se denomina triple-ni).

Pero también existe heterogeneidad intragrupo. Así, por ejemplo, hay brechas entre jóvenes ubicados en estratos socioeconómicos del hogar diferentes: los jóvenes de los estratos de población con nivel socioeconómico bajo son numéricamente más que aquellos que provienen de estratos altos, debido, entre otras cosas, a la mayor proliferación de los más pobres.

Si se combinan ambas dimensiones, esto es, por un lado, la trayectoria educativolaboral de los jóvenes y, por otro, el estrato socioeconómico de su hogar de origen, aparecen patrones a tener en cuenta y que pocas veces son el objeto de las políticas de empleo y educativas. Esto es precisamente grave porque los estados gastan importantes sumas de dinero con muy buenas intensiones. Lo que puede apreciarse es que en los grupos de trabajadores, desempleados y tripleni, la mayoría proviene del estrato socioeconómico más bajo de la sociedad. Son jóvenes que se ven impelidos a insertarse en el mercado laboral por razones económicas, o bien, que pierden conexión con la sociedad por falta de expectativas acerca de su futuro.

El tema que subyace

El planteo realizado conduce a pensar lo siguiente: la mejora de las condiciones socioeconómicas del país contribuyó claramente al mejoramiento de las condiciones educativas y laborales de los más jóvenes. Se redujo el desempleo, el empleo aumentó a la vez que aumentó el porcentaje de jóvenes que asisten a la escuela. No obstante lo anterior, desde mediados de la década pasada las mejoran fueron nulas o negativas, y podrían quizá haber sido peores sin los programas y las políticas públicas implementadas en su momento. La situación es igualmente angustiante y más aún si la pregunta se formula así: ¿Quiénes son los que quedaron fuera nuevamente: aquéllos que provienen de sectores de ingresos familiares medios y altos? De la respuesta a la pregunta anterior podrán surgir nuevas ideas y acciones que sobrepasen el mero paliativo y apunten a una mejora estructural del mercado de trabajo.