El trabajo es la más fundamental de todas las oportunidades económicas

Foto: Plash |

Foto: Plash |

El trabajo es la más fundamental de todas las oportunidades económicas, por cuanto brinda a la gente un ingreso que le posibilita controlar diversos bienes y servicios necesarios para asegurar un nivel de vida decoroso. El trabajo es también ámbito de realización personal, de desarrollo de la identidad, de intercambio social, de capacitación permanente y de producción. El trabajo posibilita que la gente haga una aportación productiva a la sociedad y ponga en práctica sus aptitudes y su creatividad. Genera un grado elevado de reconocimiento, que favorece la dignidad y el respeto por sí mismo, y da a la gente la oportunidad de participar en actividades colectivas y de relacionarse socialmente.

Prácticamente todas las dimensiones del desarrollo humano son impactadas por el trabajo. El trabajo decente es soporte fundamental de la seguridad de las personas, por cuanto supone condiciones dignas de vida, de identidad y autoestima, y mecanismos normados de protección. En contraste, el desempleo y la precariedad laboral, además de generar desigualdad, provocan incertidumbre y visiones pesimistas sobre el futuro que pueden desembocar en desestabilización social y política. Además de privar a las personas de un medio para ganarse el sustento, la falta de empleo les roba oportunidades para desarrollar sus capacidades y menoscaba su dignidad y el respeto por ellas mismas. Cuando el trabajo es inseguro, la sociedad no puede seguir segura por mucho tiempo.

El trabajo decente es también una forma privilegiada de participación en la vida social que estimula la creatividad individual y brinda oportunidades para opinar y tomar decisiones a distintos niveles. Por otra parte, el trabajo incentiva a la gente a organizarse para construir o defender intereses comunes, además de que, al proveer ingresos, abre otras formas de participación ya sea como consumidores o como contribuyentes. El desempleo y la inseguridad laboral, por el contrario, privan a las personas de esas posibilidades.

Adicionalmente, el trabajo decente promueve la equidad al insertar al trabajador y a su grupo familiar en el tejido social, con todo lo que esto supone: pertenencia, acceso a servicios y significación. El trabajo remunerado de las mujeres también fortalece la equidad de género, ya que de esa manera éstas tienen un mayor control sobre los recursos del hogar. Por el contrario, el desempleo y la precariedad laboral dan lugar a que se consoliden profundas desigualdades entre quienes tienen acceso a las oportunidades que la sociedad ofrece y quienes quedan excluidos. Junto a este tipo de exclusión vienen dinámicas de discriminación y conflicto que obstaculizan el establecimiento de visiones y proyectos comunes.

En síntesis, desde la perspectiva del desarrollo humano, generar suficientes trabajos decentes es la mejor fórmula para la estabilidad económica, social y política de un país, así como también, la base para obtener un crecimiento robusto, sostenido y equitativo. El pleno empleo, entendido como aquella situación en la que todas las personas en edad de trabajar y con capacidad y voluntad de hacerlo cuentan con un trabajo decente y con redes de seguridad social que las protejan ante situaciones de inestabilidad, debería ser, por lo tanto, uno de los objetivos de largo plazo centrales de todo país que haya asumido que la verdadera riqueza de una nación está en su gente.

— Por William Pleitez, Economista Jefe del PNUD.